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martes, 18 de octubre de 2011

EL CURA SIN CABEZA (CUENCA SAN ROQUE)


Parece que este sacerdote, que con hábil maniobra, colocaba sobre su solideo parte del manteo, tan largo como sus deseos sensuales, para atemorizar al populacho que, tarde de la noche transitaba por los barrios oscuros y solitarios, las mas de las veces, seguíanle los pasos al reverendo, hasta verlo aterrizar en los amplios jardines eróticos de su “Dulcinea”.
Yo no sé porque pero asegurábase que de preferencia era el Barrio de San Roque el lugar de sus idilios. Pero, al fin, como no hay cosa que no se descubra como decía la comadre “Chepita” se le identifico plenamente, y, una mañana cuando las campanas tañían a maitines, algunos feligreses que concurrieron a la misa de cinco: Elé pues, este taita curita ahora si esta con cabeza, mamitica, ¿QUÉ MUERTE TENDRA?.Y agregaron las beatas, no se si es por celos o de gana: “Dios nos guarde y nos ampare de este SANTO SACERDOTE”; y nosotros también agregaremos, lo curioso del caso es que hasta ahora existen curas “sin cabeza”: aleluya, aleluya.
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EL FAROL DE LA VIUDA (CUENCA)


La fémina viuda, realizaba, por decirlos así, una “hazaña heroica”, pues tenía que vérselas, muchas veces, con riesgos donde podía hasta perder la vida, o por lo menos su farol, que era su escudo y su alfanje porque en más de una ocasión tenía que habérselas con los canes de los llanos de “taita chabaco”, ya que sus muecas adquirían rasgos caricaturales y jocosos, cuando a veces a la luz de la luna, la noche era alumbrada por sus amarillentos rayos que dejaba ver el rostro de la heroína viuda, su faz demacrada. Y cuando ella apareció al tablado de sus andanzas, era una época de transición, entre la imaginación primitiva, esto es, cuando la lógica no había empezado a trabajar, y la época en que ya entraba, o sea en la investigación histórica y social, entró también la era de investigar y aún crear leyendas propiamente dichas, de carácter histórico-literario. La viuda alegra, cuya compañía y hasta cierto punto custodia, era el farol que se adelantaba a ella iluminándole el camino fragoso por el que transitaba, hasta entrar en su aposento, que decían estaba ubicado en el barrio de “el Vado”. 

EL CHUZALONGO (CUENCA)


Se dice que vive en las montañas; allí se encuentran las pisadas es de tamaño de un niño de seis años, con el cabello largo y “sucu”; del ombligo le sale un miembro como un bejuco de “Chuinsa”.
Para que no aviente el aire de mala suerte del chuzalongo se entra a la montaña, se rompe una rama y se marca; así no pasa nada.
Cuando esta marcado ya no ataca a nadie, es muy juguetón e inquieto y no hace nada; pero en cambio tiene un “humor malo”, después de un momento da un “aire fuerte” y le deja cadáver a una persona.
Cuentan los antiguos que unas muchachitas que Vivian cuidando el ganado en el cerro se han puesto a jugar con el “chuza” y le encontraron chupándose la sangre de esas niñas. Se han presentado a casa dos suquitos, han salido las chicas, y les han chupado la sangre y matado.
Cuando se acercaron a una doncella dicen que solo con el aire fuerte les mata.