martes, 18 de octubre de 2011

EL FAROL DE LA VIUDA (CUENCA)


La fémina viuda, realizaba, por decirlos así, una “hazaña heroica”, pues tenía que vérselas, muchas veces, con riesgos donde podía hasta perder la vida, o por lo menos su farol, que era su escudo y su alfanje porque en más de una ocasión tenía que habérselas con los canes de los llanos de “taita chabaco”, ya que sus muecas adquirían rasgos caricaturales y jocosos, cuando a veces a la luz de la luna, la noche era alumbrada por sus amarillentos rayos que dejaba ver el rostro de la heroína viuda, su faz demacrada. Y cuando ella apareció al tablado de sus andanzas, era una época de transición, entre la imaginación primitiva, esto es, cuando la lógica no había empezado a trabajar, y la época en que ya entraba, o sea en la investigación histórica y social, entró también la era de investigar y aún crear leyendas propiamente dichas, de carácter histórico-literario. La viuda alegra, cuya compañía y hasta cierto punto custodia, era el farol que se adelantaba a ella iluminándole el camino fragoso por el que transitaba, hasta entrar en su aposento, que decían estaba ubicado en el barrio de “el Vado”. 

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