martes, 18 de octubre de 2011

LA TUNDA SE CONVIERTE EN GALLINA (ESMERALDAS)


En “Juyungo” se cuenta que un muchachito esmeraldeño fue enviado a eso de las cinco de la tarde, hora de oración, a recoger a unas cuantas gallinas que andaban desperdigadas por los contornos. De pronto una linda gallina blanca atrajo la atención del chicuelo. “Cho, cho, jurón, jurón” gritaba, corriendo detrás de ella pero esta era una experta y lo fue llevando hacia el monte. Cuando quiso regresar ya era tarde, estaba perdido. Era la temible “Tunda” que se había convertido en gallina.
Pero la Tunda teme a los perros y el solo ladrido de uno de ellos la hace desaparecer; por eso los parientes de la víctima corrieron por los montes con una verdadera jauría, hasta encontrarlo al tercer día, casi muerto del susto e indigesto de tanto camarón. ¡Qué mala es la Tunda!



Dicen que la tunda no es negra, si no negrisísisima como una noche sin 
luna ni estrellas como  una casa sin puertas ni ventanas. La Tunda no tiene bemba, sino bembísima, quiere decir una bemba así y asá.  En vez  de pierna derecha, maneja una pata de molinillo, que suena ¡tum! Cuando camina por el monte. Más cuando ella se ríe, se ilumina la noche y llueve cocos recién pelados. Vuelan mariposas blancas. Entonces, la gente que ya sabe, se da cuenta que la Tunda anda por allí. Y al más pesado se le aparecen en el camino meneando sus caderas.

A uno de la comunidad se le apareció, no una mujer sino como perico, que cuando él mas caminaba el   Perico se iba más lejos. Tanto que le hizo caminar toda la noche  y no lo pudo cazar. Tuvo que amanecer en el monte, cruzando por espinales u matorrales, pero él no se hizo daño porque sentía que alguien le cargaba para pasar las espinas.

La comunidad se preocupó de si desaparición y fueron a buscarle con la madrina, bombo, cununo, guasá. Cuando lo encontraron, tuvieron que echarle agua bendita, porque gritaba, tenía los ojos que se le querían salir y el cuerpo gelatinoso, pues había comido el tapao de camarón hecho por ella. Y esa era la forma de embobar a sus víctimas.
Así, cuando ya cumplía sus  propósitos los abandonaba e iba por otro. 

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